viernes, 14 de marzo de 2014

EL PERRO FÉNIX

                                                                                           A Mondo, compañero, hermano perro.




Lo veo en los ojos. En los ojos de lxs perrxs con los que me cruzo en mis condenas semanales de ciudad. O es lo que quiero ver. No sé. No me importa. Lo veo. Algo así como una mezcla de tristeza, tedio, miedo tal vez. Algo así como una consciencia inconsciente de la muerte prematura.

Los ojos velados. Pero conoce al milímetro sus rutas habituales. Pero hoy se desploma. Sube con la lentitud de los años por la pumarada. Y se desploma. Queda tendido sobre la hierba con sus cuatro patas abiertas.

La cadena siempre amarrada al cuello brilla indolente. Insolente. A muchxs se les nota la vida sedentaria que no comprenden. ¿Cómo comprender los sextos pisos?
Pasan quince segundos. Por redondear. Sólo hay tiempo para preguntarme: ¿Ya está? ¿Sé fue? ¿Así? No a cerrar la boca. No a levantarme y andar los escasos veinte metros que nos separan.

La ciudad les odia en realidad. Todo es represión. Las grandes avenidas llenas de motores enfadados. Sus cauchos demoledores. Las cuatro zonas verdes. Sí, el engañabobos de los parques. Esos oasis de falsedad y prohibición abiertos sobre desiertos de hormigón. Espejismos cuadriculados. Cárcel de árboles torturados. Enfermos de humo. Enfermos de luz artificial. Eso sí: !No pides el césped! No es que sean estúpidas las ordenanzas. Son gilipollas quienes las ordenan.

No hay más tiempo. Una sacudida le recorre ahora. Mueve la cabeza. Se levanta. Con dificultad. Con dificultad continúa su camino. Entra en la casa.

Claro que no pisar el césped. Y lxs perrxs atadxs. Siempre atadxs. Ah, ojito con la mierda. No olvidarse la mierda sobre el piso de los paraísos tumorales.

Pasa un día. Ya es otro. Se mueve con dificultad. Está apático. Desganado. Pero no le duele. Lloro. Lloramos. Nos despedimos. Ella tiene la gran idea. Plantaremos un albaricoque sobre el lugar en que le demos tierra. Tristeza por el compañero que se va de nuestros días físicos. Hacia nuestros días de recuerdo.

¿Y los cartelitos? Perrxs no. Perrxs tachadxs. Deja al perro aquí fuera. Etcétera de imbecilidades. Entraría en todos los comercios y mearía sus mercancías tan preciadas. Mearía a sus dueñxs. Pero, !joder! sigo sin saber violencia.

Y ya es otro día. Y él como sí nada. Con sus ganas. Con su alegría. Con sus rutas. Con sus rutinas. Como si nada hubiera sucedido los días anteriores. Ella tiene razón: es el perro Fénix.

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