jueves, 20 de febrero de 2014

PROSALEATORIA4

Del cartel solo recuerdo un nombre. De entre varios más. Y no me acuerdo cómo era. Un nombre en un cartel. Contundente. Una orden. Seca. Contundente. Una más. "Vamos a salir. Ni se te ocurra asomarte al balcón" Claro que un cartel. Con un nombre. Entre varios. Y enfrente del sexto piso dónde me crié. La ciudad estaba revolucionada. Al menos aquella zona de la ciudad. Llena de obreros con aires de alta burguesía. Cortesía de los sueldos metálicos. De apirantes a la total mediocridad. De lxs ya instaladxs en ella. Todas las madres lo comentaban en la parada del autobús escolar. En la carnicería. En la cola del pan. Un grito unánime. "!Es una vergüenza!" Todos los padres lo escupían en el bar. "!Habría que matarlos!" Decían no sé qué también de que si no sé qué señor estuviera vivo nada de esto sucedería. Todo eso resonaba entre la condensación de alcohol y humo y añoranza de no sé tampoco qué tiempos. Tal mezcla desembocaba habitualmente en tormenta de improperios. Y algún pescozón despistado ante esa osadía infantil de la duda. Un cartel. Un nombre. Año ochentaytanto u ochentaycuanto. No me acuerdo. Sí de aquel cartel de letras alborotadas qué a tantxs alborotaban. ?Qué sucedía? ?Por qué todo el pequeño mundo qué conocía se tambaleaba? "!Debe ser la hostia!" Debí pensar. Toda esta gente tiembla ante un cartel. Ante un nombre. Entre tantos... Mierda de memoria. Sería La Polla acordarse del resto.

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