miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS ESTORNINOS Y LA ANARQUÍA.

Otro tren. Atrás queda el baile de los estorninos al amanecer.

Tanto tiempo refrenado por miedos propios. Ajenos. No puedo menos que sonreír. Reír. Ambas. Tantos sueños propios inmaterializados son ahora tiempo que baila. Otrxs que bailan. Que ríen. Sueñan. Hacen. Juegan. Hablan. Comparten. Viven.

Puedo distinguir desde aquí tres bandadas. La del castaño seco. La de la torreta eléctrica. La de aquellos cables.

Tiempo grupal. De individualidades compartiendo energía. Dando lecciones sin querer. Duda constante. Cuestionamiento. Pasan de las etiquetas. Pasan de los nombres humanos. Sin dejar de serlo. Posiblemente más que todxs lxs autoproclamadxs etiqueta. Seguro que más de lo que yo llegaré a atreverme nunca. Posiblemente más que todxs lxs autoproclamadxs humanxs. Sobrevuelan los abismos. Saben esquivar las aristas.

Levantan el vuelo al unísono desde los tres puntos de encuentro. Se dirigen hacia otro central imaginario. Se cruzan en el momento que han alcanzado mayor velocidad.

Lecciones individuales. Lecciones grupales. Sin pretensión de aleccionar. Sin bombo. Sin platillo. Jugar. Reír. Hablar. Hacer. Cuestionar. Compartir. Las palabras se sienten plenas de concepto.

Frenan en seco. Giran aprovechando la inercia. Vuelven a cruzarse. Regresan a sus puntos de apoyo.

Acogen. Vacían de sentido la construcción cultural. Llenan las horas de naturalidad.

Vuelta a comenzar el vaivén. Ante nuestros ojos asombrados. Maravillados por el baile de los estorninos. Tan igual. Tan distinto. Cada vez.

Por primera vez y otras tantas le he visto a la anarquía los ojos. En muchas miradas. Lo siento dios. Élla existe. En realidad no lo siento. Tú no.

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