jueves, 31 de enero de 2013

VIERNES. 7:23 a.m. BATIBURRILLO

Hablan de eso de la hoja en blanco. Lxs que escriben. Una especie de monstruo escondido entre el gramaje del papel. En realidad la hoja en blanco  somos nosotrxs. No me asusta. Salvo una en concreto. La primera de la libreta. La libreta en blanco. Ese es mi monstruo. Como lo tengo identificado como limitación propia, comienzo la lucha en cuanto aparece. Una vez vencida, lo que continúa carece de mérito alguno. La primera empuja a la segunda y así de forma sucesiva. Se van apoyando las unas a las otras hasta que se llenan. Como si se hablaran. Como si al ir pasándolas en busca de la siguiente vacía me fueran diciendo que palabras han de acompañarlas. Cómo ha de ser esa rellenada. Y mira, así a lo tonto ya la tengo llena de grafemas. Puedo continuar viaje.

Cada cara señala la bipolaridad del viernes. Con las bolsas bajo los ojos de todxs lxs presentes podríamos saquear las estanterías de un centro comercial. A la vez se nota que esto se acaba. Casi no dolerá la ración de latigazos del día. Las sonrisas hablan de tres fiestas, cuatro citas, dos polvos apresurados, una ruta de montaña, un paseo en bicicleta, ocho parques con lxs niños, un morreo en el cine, una comida familiar, !la venganza de las almohadas! siete horas de risa, un poema secreto...

Esto ya se acaba. Podremos soñar tres días con que el lunes no traerá su nada. Desatar las palabras. Hablar con los animales. Divagar con las estrellas. Caer con la lluvia. Volar con el viento.

El tren frena su avance una vez más. Caigo ahora en que tengo el cuerpo machacado. Exceso de actividad, falta de sueño. Pero no voy a intoxicarme con ibuprofeno. Es viernes. Esto se acaba. Pienso en el sentido de todo lo escrito en cada tren de madrugada.

Batiburrillo.

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