domingo, 6 de enero de 2013

CUENTO DE VÍSPERA DE REYES.

Nadie parece tener una moneda que echar al bote posado delante del mimo que aparenta sentarse sobre el aire. Todxs sacan de sus bolsillos un teléfono de última generación con función de cámara fotográfica. Los flases insultan la noche ya agredida por el brillo deslumbrante de farolas, focos, letreros luminosos y ridículas bombillitas de colores que invaden sin pudor las retinas. Insultan el esfuerzo del mimo. Todxs tendrán una instantánea pintoresca que enseñar en su próxima reunión social. El mimo no sacará ni para la cena.

Pronto, la visión del hombre que aparenta sentarse sobre el aire deja de llamar la atención. La multitud intenta dispersarse a lo largo y ancho de la calle. Lo único que logran, es ir trasladando unos pocos metros por minuto la aglomeración.

Hay miles. Recorren la calle una y otra vez. Sus caras reflejan una mezcla de satisfacción y nervios. Muchxs llevan niñxs arrastradxs por sus manos. Otrxs muchxs empujan carros con niñxs. Muchxs muchxs con niñxs. La manada cumple a la perfección su labor educativa. Que ha de perdurar esta nueva especie.

Entran ahora lxs muchxs por diversos locales comerciales. Los mismos locales que hay en otras calles exactamente iguales a esta que nos ocupa en otras ciudades exactamente iguales. Estos locales vienen a ser una prolongación de la calle que los acoge. Solo que resultan mucho más fríos, a pesar de los treinta grados que achicharran dentro. Una música machacona salida de grandes altavoces machaca los oídos. Decía que entran, recorren sus pasillos, cogen cosas, las miran, las dejan para coger más cosas, dejarlas, mirarlas hasta que parecen dar con su objetivo. Se dirigen entonces hacia mostradores abarrotados de cajas registradoras. Tras ellas, lo que parecen ser dos chicas, se encargan mecánicamente de cambiar los objetos por billetes. Digo parecen, que resulta difícil encontrar más rastros de animalidad en sus figuras que el de los ojos en movimiento. Visten ropajes imposibles. Parecen sacados del atrezo de una película futurista. Sus pelos, se encrespan, suben, bajan, se rizan, se alisan, cambian de color en lo que diría una obra de ingeniería civil más que de peluquería. Sus caras se esconden tras una palidez y rigidez artificiales. Mantienen constantes una sonrisa forzada. Todo esto por un mísero sueldo. Torturadas por un salario de mierda.

Todxs tienen ya en su poder bolsas llenas de cosas. Pero no dudan en entrar en otros locales y apoderarse de más bolsas llenas de más cosas. Entran y salen y se empujan, cogen, miran, sueltan, cogen, miran, intercambian por billetes y llenan y cuanto más llenan más satisfacción reflejan sus rostros.

Nadie se acuerda a estas alturas del mimo que aparentaba sentarse sobre el aire. Cayó en el mismo vacío que el bote situado delante suyo.

La calle parece despejarse. Es una ilusión. Miles vuelven a avanzar. Nadie parece tener una moneda que echar al bote posado delante del mimo que aparenta sentarse sobre el aire...

Bienvenidxs al mundo normal de lxs normales.

Código activado con éxito.

Modo degeneración total de la especie en marcha.

¿Hay vuelta atrás?

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